Archivo mensual: febrero 2010

La guerra como espectáculo

Es verdaderamente asombroso el hecho de que una persona, cualquiera de nosotros, pueda estar viendo a través de la televisión o escuchando a través de la radio cómo se matan en el otro lado del planeta mientras nos tomamos una cerveza relajadamente en el sofá de casa. Como si de una película o un tv show se tratase.

Esto nos demuestra el poder de los medios de comunicación de masas. Y también que hoy más que nunca, la guerra se está tratando (que no convirtiendo por sí misma) en un espectáculo. Niego lo de convirtiendo porque la guerra es guerra. Ni más, ni menos. Afirma Karl von Clausewitz que la guerra es “la continuación de la política por otros medios”. Puede ser, pero en definitiva si el desencadenante es una cuestión política no nos interesa aquí.

Uno de los conflictos que cayó más profundo en esta “telaraña” fue la Guerra del Golfo. Si la radio había sido la protagonista en las dos guerras mundiales, así como en la Guerra Civil Española, sin duda la televisión lo fue en la guerra del Golfo, por ser la primera guerra televisada en directo desde el mismo instante en que estalló. Vietnam había sentado un precedente, pues también se difundieron imágenes por televisión, pero a una escala mucho menor y de manera más intermitente.

 

 

 

 

 

 

Guerra del Golfo 17 Enero 1991.

 Los medios de comunicación adquirieron tanta o más relevancia que el conflicto en sí mismo: los soldados no sabían lo que estaba sucediendo en el mismo campo de batalla si no era por los medios; las imágenes de aquella guerra dominaban la programación en otros rincones del planeta.

En definitiva, podríamos decir que todo lo que no aparecía en los medios, es como si no existiese. También si lo que no aparecían eran las víctimas de la guerra .Mi profesora de Teoría de la Comunicación y de la Información a menudo afirmaba que “Las noticias no existen si no tenemos constancia de ellas a través de los medios”. Estoy totalmente de acuerdo.

 Sin embargo, ¿No os parece algo tristísimo? Que de todo lo que ocurre en un conflicto sólo aparezca una pequeña parte, que es la que los responsables de estos grupos mediáticos pueden, o quieren sacar. Me atrevería a decir que los corresponsales, fotógrafos de guerra, y demás son los que transmiten lo que pueden; los que están en lo más alto son los que difunden lo que quieren.

 Si vamos algo más allá, hay que mencionar el debate que se crea sobre “la cobertura de la cobertura”: parece más importante la controversia sobre como los medios transmiten esa información, que los sucesos en sí mismos.

 Desgraciadamente, esta manera de tratar la información nunca ha caído en el olvido, sino que sigue vigente hoy en día, y muy probablemente continuará en el futuro. El debate sobre lo que es ético difundir está sobre la mesa. Los primeros reporteros de guerra sacaban en sus cámaras todo lo que veían, incluídas las víctimas. Hoy en día esto también ocurre, pero los mass media analizan mucho más minuciosamente eso que vana difundir en función de los propios valores del medio o los intereses a los que puedan estar atados.

Recordemos la famosa frase del New York Times: “noticias que no salpiquen el mantel del desayuno”. Efectivamente, en ocasiones se opta por no difundir imágenes de lo que hoy en día entendemos por “carnaza”, pues a veces no es necesario mostrar el sufrimiento agonizante de un ser humano para saber que existe. Vale el ejemplo superior del fotograma emitido por la CNN de la Guerra del Golfo: no aparecen víctimas, ni soldados; sencillamente se ve un cielo oscuro lleno de luces de colores, como si de fuegos artificiales se tratase. ¿Acaso parece eso una guerra? Si no supiésemos que así fue, probablemente cualquiera diría que estamos asistiendo a una “Fam de Foc”. Es solo un ejemplo más del poder que tiene la información y quienes la ostentan.

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